lunes, 21 de noviembre de 2011

Él entre nosotros.

No es que Jesús cambie nuestras vidas, no es que Él aparezca para darle un vuelco a todo. no, Él siempre ha estado ahí, esperando por nosotros, al lado nuestro hablándonos, abrazándonos, y nosotros solo lo silenciamos, le decimos no más, no te quiero, vete... Pero Él nunca se va...

Llegamos a un momento donde caemos, tocamos fondo, sentimos dolor y nos encontramos en un vacío inexplicable, donde nada nos sana, es ahí donde comprendemos que apartamos lo que más necesitábamos, llegamos hasta el punto de mendigar amor a otros que no nos aman como Cristo lo hace, y cuando al fin nos levantamos, vemos una mano extendida, una mano fuerte de una sola persona, aquel que siempre rechazamos, aquél a quien siempre le decíamos vete, pero es el único que está ahí, para levantarnos.

Jesús no cambia nuestras vidas, Él nos acompaña en ellas y cuando al fin lo amamos y lo conocemos, queremos entregarle todo a Él, comprendemos que todo lo que hicimos antes no tenía sentido, que solo estábamos destruyendo nuestros corazones, nuestras almas, pero Jesús es paciente y aguarda por nosotros, como el padre de aquel hijo prodigo y le decimos, "Señor, quisiera ser solo tu siervo, porque ser hijo tuyo ya no merezco", y Él nos da todo su amor, el más puro y verdadero.

Cuando busques a Jesús, cuando busques el amor, no tienes que ir muy lejos porque Él está a tu lado siempre.